lunes, 13 de abril de 2015

Estilo Dicenta

Joaquín Dicenta (1862-1817) tenía los rasgos del bohemio puro, prototípico: luchador, desordenado, manirroto, mujeriego, sensual, borracho de aguardiente mañanero, rebelde, defensor del débil, denunciador de la injusticia. Probablemente es uno de los pocos casos que siguió siendo bohemio en una segunda etapa de su vida, ya con dinero y fama. En ese tiempo de reconocimiento y aplausos siguió siendo mujeriego, teniendo gran afición al vino, continuó con un indestructible anhelo de libertad y siguió con su innata tendencia a un vivir apasionado y turbulento.

Escribe Prudencio Iglesias Hermida en un libro titulado 'Gente extraña', publicado en 1918: “hubo un tiempo en que la figura menuda y gallarda de Dicenta sembraba el malestar cuando entraba, quien en Madrid, en Barcelona y en Andalucía, en los lugares donde se encontraban las gentes de escándalo y de trueno… lleno de armonía en las proporciones, y con una brusquedad y rapidez de movimientos que marea, Dicenta ha armado, en colmados y otros sitios tremolinas históricas”. Asegura el coetáneo que Dicenta frecuentaba los lugares peligrosos, donde se emborrachaban matones y relata una escena que presenció el propio Iglesia Hermida:

“Dicenta le había quitado la amante, una gitana de bronce caliente, una mujer bandera, a un célebre matón, llamado Visantet. Se trataba de un hombre terrible que se encendía a balazos por un gesto. Un día se fue a por Dicenta: “tengo que decirle a usted dos palabras. Salga usted ahí fuera” y Dicenta, muy despacio, quitándose el cigarrillo de la boca, le contesto: “abra usted la boca, que voy a tirarle la colilla dentro”. Visantet se echó mano a la cintura, sacó un revólver y encañonó a Dicenta. Este sacó una moneda del chaleco y enseñándosela al matón, le dijo “un duro a que no me da usted... tan cerca”. 

Visantet no disparo, se hicieron amigos y estuvieron diez días seguidos de juerga.


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