Por fin vamos á enterrar á la Rieina Victoria. Por fin hoy es la víspera de este gran acontecimiento que, según dice la Prensa, «formará época en la historia de los más solemnes funerales».
Escribo en Paddington, momentos antes de tomar el tren para Windsor, donde pasaré una noche toledana.
El público asalta los trenes. Generalmente se cree que en Windsor podrá verse la ceremonia sin tanto riesgo como en Londres y sin gastar tanto. El más infecto ventanuco de Londres cuesta 50 duros.
Como hay gentes para todos los gustos, los hay dispuestos a morir mañana mismo por ver el paso del entierro. Oigo hablar tranquilamente de que se preparan angarillas para muertos y heridos... Todo el mundo está resuelto a que le apabullen y aplasten.
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