sábado, 28 de julio de 2012

Una sorpresa


Cierta sirviente, hallándose desacomodada, pidió albergue a un antigua conocida. Esta la recibió con gusto, la dio de cenar y al ofreció su cama, ya que otra no hubiera podido ofrecerla. Acostaronse, pues las dos amigas, y es de suponer que dedicaran a platicar de sus cosas, ese espacio de tiempo precursor del sueño, que los demás mortales solemos ocupar con la lectura de cualquier libro interesante. Al poco rato la sirviente nota con espanto que su amiga sufre una transformación inesperada:  Tira postizos y rellenos, se declara francamente Adán con el derecho que por clasificación le corresponde y quiere usar de él o abusar mejor dicho, pues este verbo es más propio de semejante situación. La cosa asusta a la sirviente, joven honesta y recatada, y sale a dar parte a la autoridad

Publicado por Antonio Palomero, el 7 de enero de 1899, en El Nuevo País

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